¿Es el estómago el segundo cerebro? Todo sobre la famosa gut-brain connection.
- Stefanny Villacriz Gómez
- 30 oct 2025
- 4 min de lectura
Desde esas conocidas mariposas en el estómago hasta la sensación de nudo en las entrañas al recibir una noticia desagradable, cada día nuestro cuerpo nos lanza señales que evidencian que no es solo un medio de transporte para la mente. Vamos a profundizar un poco más en esta relación.
Durante las últimas dos décadas, la neurociencia ha experimentado avances fundamentales que han transformado nuestra comprensión de lo que somos como especie.
Durante mucho tiempo se sostuvo la idea, incluso en círculos científicos, de que los pensamientos y toda nuestra actividad mental eran procesos exclusivos del cerebro. Se creía que la mente y el cuerpo eran entidades separadas o que funcionaban de manera unidireccional, siendo el cerebro quien dictaba todo lo demás. Hoy sabemos que esta idea está superada. Así lo explica claramente la neurocientífica Nazareth Castellanos.
La conexión intestino - microbiota - cerebro
Tal vez estés más familiarizado con el término en inglés gut-brain connection, pero sin importar cómo se nombre, hablamos de la red de comunicación bidireccional que conecta el cerebro, los intestinos y los microorganismos que viven allí. Esta relación implica que lo que ocurre en el cerebro afecta el sistema digestivo, pero también que el intestino tiene una influencia directa sobre nuestro estado emocional, procesos cognitivos y salud mental en general.
Este conocimiento no es solo útil para quienes investigan en neurociencia, sino para todos nosotros. Nos permite cambiar la forma en que entendemos nuestra salud, ampliando las herramientas disponibles para manejar situaciones emocionales o enfermedades.
Por ejemplo, hoy sabemos que trastornos como la ansiedad, el estrés crónico o la depresión están vinculados con alteraciones funcionales del aparato digestivo. Del mismo modo, enfermedades gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable o la dispepsia suelen ir acompañadas de problemas psicológicos, lo que sugiere que nuestra conciencia y experiencia emocional no habitan únicamente en el cerebro, sino en todo el cuerpo. La misma Castellanos lo resume muy bien: “mente y cuerpo son distinguibles, pero no separables”.
¿Qué señales puede enviarte tu intestino?
Las emociones intensas o desagradables pueden detonar una serie de reacciones en el sistema digestivo, tales como:
Alteración en la velocidad del tránsito intestinal.
Mayor sensibilidad ante hinchazón o dolor.
Activación del sistema inmune por aumento en la permeabilidad intestinal.
Incremento de procesos inflamatorios.
Cambios en la composición de la microbiota.
Esto explica por qué el estrés o las emociones fuertes pueden influir o agravar dolencias como:
Enfermedad inflamatoria intestinal.
Síndrome del intestino irritable.
Reflujo gastroesofágico.
Dispepsia.
Intolerancias o sensibilidades alimentarias.
Estas afecciones, aunque comunes hoy en día, no deberían considerarse normales. El cuerpo está diseñado para funcionar en equilibrio. Por eso, cuando aparecen molestias como estas, conviene revisar nuestras rutinas, hábitos de vida y estados emocionales, ya que pueden estar ofreciendo señales importantes para mejorar nuestro bienestar.
Esto no significa que debamos prescindir de la medicina convencional. De hecho, acudir al médico es esencial cuando hay síntomas físicos. Pero es igual de importante reconocer que el cuerpo humano funciona como un sistema interconectado. En el caso del eje cerebro-intestino, los efectos de un lado se reflejan inevitablemente en el otro.
Algunos estudios han revelado que cuando el intestino se inflama o la microbiota se altera, no solo afecta la digestión, sino que también puede generar fatiga, trastornos del estado de ánimo o enfermedades cardiovasculares. Así se establece un ciclo que, si no se interrumpe, puede perpetuar el malestar.
Cómo mejorar la salud del eje cerebro - microbiota - intestino
La mejora de este eje no se logra únicamente con cambios en la alimentación. Aquí compartimos algunas prácticas que pueden favorecer tanto la salud digestiva como emocional:
Alimentación consciente: Comer en un estado de calma ayuda a que el cuerpo produzca jugos gástricos adecuados, necesarios para absorber correctamente los nutrientes que mantienen en buen estado tanto al cuerpo como al cerebro.
Gestión emocional del estrés: El objetivo no es eliminar las emociones como la angustia o el estrés, sino aprender a manejarlas. Estas emociones tienen una función adaptativa, pero si no se procesan, pueden convertirse en síntomas físicos. Aprender a gestionarlas puede marcar una gran diferencia.
Meditación y atención plena: Varios estudios han demostrado que la práctica del mindfulness y la meditación pueden reducir molestias digestivas, así como mejorar la relación con el cuerpo y con las emociones.
Ejercicio físico: Actividades como caminar, correr, nadar o hacer yoga ayudan a enriquecer la microbiota intestinal y a fortalecer la salud en general.
Relajación Muscular Progresiva (PMR): Esta técnica ayuda a reconocer y liberar tensiones musculares antes de que se acumulen. Puede ser especialmente útil para reducir la ansiedad y aliviar malestares gastrointestinales asociados al estrés.
Alimentos recomendados para cuidar este eje:
Omega-3: Presente en pescados azules. Favorece la presencia de bacterias beneficiosas y protege el sistema nervioso.
Fermentados: Como yogur, kéfir o chucrut. Su consumo puede influir positivamente en la actividad cerebral.
Fibra: Frutas, verduras, semillas y cereales integrales nutren las bacterias buenas del intestino.
Polifenoles: Té verde, cacao, café y aceite de oliva promueven la salud intestinal y pueden favorecer el rendimiento cognitivo.
Triptófano: Presente en huevos, queso y pavo. Contribuye a la producción de serotonina, neurotransmisor clave en el estado de ánimo.
Terapia psicológica: La Terapia Cognitivo Conductual ha demostrado ser eficaz para tratar trastornos gastrointestinales desde una perspectiva integradora mente-cuerpo. Este enfoque permite trabajar creencias, hábitos y emociones que, al modificarse, generan mejoras también en los síntomas físicos.
Como es natural, no todos los enfoques terapéuticos son ideales para todas las personas. Lo importante es encontrar el que más se ajuste a ti. Hay distintas maneras de gestionar las emociones y cada cuerpo responde de forma distinta.
RECOMENDACIONES
El cuerpo y la mente no pueden entenderse por separado. La ciencia sigue avanzando, y cada vez tenemos más herramientas para comprendernos y cuidarnos mejor. Lo importante es que esta información nos ayude a tomar decisiones conscientes que favorezcan nuestra salud integral.
Gracias por estar aquí.
Con aprecio,
Centro Psicológico Confort.






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